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Inyección de vídeo virtual: cómo se detecta

Cámaras virtuales, capas OBS y artefactos de compresión: indicadores técnicos para distinguir una cámara física de un flujo de vídeo inyectado en el navegador.

El ataque no ocurre frente al objetivo. Ocurre antes. Un controlador de cámara virtual, una capa de composición en OBS o un archivo precargado sustituyen la señal del sensor físico y entregan al SDK de verificación un flujo que nunca pasó por óptica real. Cuando el motor de liveness recibe ese fotograma, ya no hay piel que analizar: hay píxeles reescalados, recodificados y sincronizados con una latencia que no corresponde a ningún dispositivo conectado.

Detectarlo exige mirar lo que el flujo traiciona por sí solo. El ruido de sensor, por ejemplo, no se replica con facilidad: una cámara física deja una firma de grano irregular que varía con la temperatura y la ganancia, mientras que un vídeo inyectado suele mostrar planos excesivamente limpios o un patrón de ruido repetido entre fotogramas consecutivos. Esa repetición es una pista, no una prueba.

Marcas de doble compresión y geometría de lentes

Cuando un clip pasa por un editor, un codificador de streaming y luego por el navegador, acumula capas de compresión con matrices de cuantización distintas. Esas capas dejan discontinuidades en los bordes de bloques y en las zonas de bajo contraste que un análisis de error de predicción puede señalar. La geometría también delata: la distorsión de barril de un objetivo real sigue una curva coherente con la distancia focal, y una imagen reescalada o recortada rompe esa coherencia en las esquinas del encuadre.

Latencia entre fotogramas y correlación de señales

El indicador más útil no es individual. Un flujo inyectado tiende a mostrar intervalos entre fotogramas demasiado regulares, sin el jitter natural de un sensor bajo carga, y esa regularidad se cruza con la ausencia de ruido de sensor y con marcas de recompresión. Ninguno de los tres cierra el caso por separado. La correlación sí reduce el margen de error, y el registro de cada señal con su marca temporal permite reconstruir la decisión en una auditoría posterior.

La evidencia forense importa tanto como la detección. Guardar el fotograma original, el hash del flujo recibido y las métricas calculadas convierte una sospecha en un expediente revisable. Sin ese rastro, cualquier rechazo es discutible.

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